Hundí mis manos en el pasto recién cortado,
Las refregué en círculo sobre el suelo,
Sentí el palpitar de la tierra y
la vibración de la hierba.
A lo lejos, escuche el galope de un caballo
Y el sonido del polvo anticipando su inquietud.
Olí del verde en mis palmas,
El perfume salvaje que deja la vívida savia.
Los recuerdos y sentimientos se agolparon en multitud
En mi pobre y mutilado cerebro.
Ví, fuera de mí, el milagro del verde,
Del sonido, del temblor y del polvo eterno.
Más tarde me pregunté, si acaso,
De todas las cosas,
No fuera el milagro, yo.
ALICIA ROXANA MATVIU - GUIA DE MEDITACION - auarmat@hotmail.com
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