domingo, 19 de julio de 2009

CUENTOS QUE RECUERDAN MIS GENES

CUENTOS QUE RECUERDAN MIS GENES

Siempre me consideré una mujer racionalista. Más cercana a Descartes que al Buda. Por exceso de racionalidad dejé de ser católica y por ese mismo exceso, me convertí profundamente en cristiana. Pero mi lucha interna entre lo racional y lo místico (místico como aquello que se conoce más allá de la razón, ya sea por obra de la inspiración o de un estado de conciencia liberado de la lógica) fue encarnizada. La vida en su implacable transcurso, fue dando su propia lucha. Mi mente, mi cuerpo y mi vida, fueron el campo de batalla de dos contrincantes: la vida y yo misma. Finalmente Hubo un ganador. Después de muchos años de guerra y de batallas perdidas por mí, por supuesto, se impuso la vida. No he tenido la suerte de poseer el genio de Bécquer, pues si así hubiera sido, mi genio podría haber atado a un yugo a las dos y yo haber resultado vencedora de la lucha (…¡Tal es la inspiración!...¡Tal es nuestra razón!.. Con ambas siempre en lucha/y de ambas vencedor/tan solo el genio puede a un yugo atar las dos/ “Rimas” de Gustavo Adolfo Bécquer) Con el poco racionalismo que me queda, reconozco el hecho como una realidad. Verdaderamente hay hechos en mi vida que son realidad y no están sujetos a ningún tipo de lógica, al menos a la lógica estrictamente racional que nos enseñaron. Ante la evidencia inexplicable, ilógica, irracional, desorbitada, insólita… mi razón, se rinde. Pero mi razón no se rinde bajando los brazos. Se rinde en pleitesía a los pies de lo inexplicablemente ilógico. Aceptando la intuición, la inspiración, lo místico; como parte de una razón que aún no encontró su propia lógica para dar sustento cierto a lo que se percibe sin un exámen previo del intelecto. La vida, es lo que es. Una mixtura excelsa de carne y espíritu. De razón e inspiración. De lo que se ve, y de lo que no se ve, pero existe. El genio puede a un yugo atar las dos. Y para los que no tenemos genio, tenemos años. Muchos años. La vida nos evidencia que ella rebasa lo racional, que es mucho más que construcciones lógicas y correctas. Hay un mundo de sueños que parecen cuentos y de cuentos que parecen sueños. Pero que no son cuentos ni sueños… Tal vez, sean hechos o tal vez sean cuentos; o sueños. Son la vida. Ignorar los sueños, los presentimientos, las premoniciones, la intuición, la inspiración; es el peor error que se puede cometer. Pero claro, no todos tenemos genio y no todos vivimos tanto…
“La última noche de Jazmín o de Carila”, cuento que en un principio llamé “La última noche de Jazmín” (porque no conocía a Carila) es una historia soñada por mí; convertida en cuento. En realidad, fue un cuento que soñé y escribí. Pero es una leyenda griega, que pudo haber sido un hecho o simplemente un cuento. Lo que fue no lo sé. Ahora es una leyenda y es mi cuento. Lo escribí dieciocho años antes de leer la leyenda de Carila. Para los que no conocen la leyenda de Carila da lo mismo que lean mi cuento. En esencia, los dos cuentos (o leyendas) hablan del mismo tema y exponen casi literalmente los mismos símbolos. Me he visto tentada de adaptar mi cuento a la leyenda. Pero creo que habría cometido dos graves errores. El primero, sería dejar al lector sin el verdadero símbolo soñado. Y es muy interesante comparar los símbolos de mi cuento con los de la leyenda. Algunos son sorpresivamente similares y otros son idénticos. El segundo error, hubiera sido seguir utilizando forzadamente mi razón, para recrear una leyenda que no me interesa recrear y que está invocada aquí, por el solo hecho de haberla descubierto dieciocho años después de mi sueño. Creo que Carila se merece que yo escriba mi sueño, tal como han ocurrido los hechos…
A propósito de cómo la leyenda de Carila se encontró conmigo, fue a raíz de otro sueño que tuve. Este sueño es el cuento “el libro de la biblioteca” un libro duplicado, pero que sigue siendo uno solo. La bibliotecaria lo tiene polvoriento y catalogado en alguna estantería simétrica (como diría Borges) y yo lo tengo en la mía. Lo leí por primera vez, después de cuatro años de una supuesta apropiación indebida. ¿Cómo se llama el libro? Algo así como “Diccionario de leyendas y mitología griega y romana”. Abrí el libro al azar y apareció la palabra “Carila”. Allí estaba esperándome Jazmín para decirme que existía; dentro de una leyenda, o de un hecho.
El libro estuvo cuatro años mostrándoseme para que yo lo leyera. No era una lectura prioritaria en mi lista de libros. ¿Qué me impulsó a leerlo? La fuerza de una inquietud por lo genético o lo heredado. Por casualidad me enteré que mis pies corresponden a un tipo genético llamado pie griego. Pues el segundo dedo es más largo que los restantes. Miré el libro que decía “griega” y allí fui. Encontré en el reverso de la tapa un sello que decía “Biblioteca del Colegio…” año 2001. ¿Por qué el libro estaba al alcance de mi vista aquél día? Es algo muy ilógico para poder explicar ahora.
Los cuentos que les cuento, no son sueños, sino historias reales. Hechos que sucedieron y se repiten en el tiempo de diversas formas. Hechos que se manifiestan en mis sueños. Son hechos atemporales. No lo duden. Y los hechos reales de mi vida, como “Noche de premios” también se los cuento como cuentos, porque en realidad, son cuentos. Aunque no me explico por qué, se me ocurrió llamar a la amiga de las nenas “Lacia La Verde” antes de leer el imprudente diccionario. En fin, la vida es todo esto, ahora lo comprendo. Es razón e inspiración. Yo también, les confieso, que “he vivido”.